Martes, 4 noviembre 2014

FÚTBOL Presentación de su documental

‘Devolví la insignia para no mancharme’

  • Johan Cruyff critica la situación institucional del Barça en la presentación de su documental

Johan Cruyff, durante la presentación de su documental. ANDREU DALMAU | EFE

ANDRÉS CORPAS Barcelona – EL MUNDO

“Lo que él dice es importante: si tienes voluntad y un proyecto, puedes seguir adelante”. Quería el president Artur Mas, con su introducción, hacer una similitud con la situación actual que vive Cataluña y el lema vital de Johan Cruyff. Pero cuando el holandés habla, cualquier voluntad o proyecto previo queda en nada. Su palabra es dogma de fe para una porción del Barcelona, guste o no. Sobre todo cuando se muestra con verbo fácil.

Si la directiva de Josep Maria Bartomeu, ausente en el estreno del documental que celebra los 40 años de la llegada del Flaco a Cataluña, quiere acercarse al icono, tendrá que elevar un puente aéreo considerable. No olvida el entonces melenudo astro y hoy venerable icono que un día se presentó en las oficinas del Barça y, sin pomposidad pero sí con cámaras, dejó encima del mostrador el pin que lo elevaba a presidente de honor. “Fui muy inteligente al devolver la insignia para que no me pueda manchar todo lo que ocurre ahora en el club”, afirma el ex entrenador, quien bendice que no le haya salpicado en el traje ningún tema escabroso que ronda en los pasillos del Camp Nou o de los juzgados.

“Todo el mundo que ama este club no está contento con lo que ocurre. Hay juicios y hasta un presidente que puede ir a la cárcel”, comenta sin mentar los problemas de Núñez, con quien no parece tener una mísera relación desde los años azulgrana. Tanto, que no aparece en el documental porque “queríamos tener una película agradable”.

Reivindica Cruyff el pasado. Insiste en él para mejorar el presente ya que “sirve como espejo”. “Hay que ver lo que hay y lo que había y contemplar los detalles”, como “la pena de ver al Barça así”. “Con Unicef, era la joya del mundo, pero perdimos mucho prestigio”, avisa.

¿Y en el plano deportivo? Ahí, aparece su ironía nada disimulada. “Luis Enrique tiene una cosa a su favor: lo fiché yo. Pero me echaron y no lo pude entrenar”. Aquel Barcelona que tramaba Cruyff cuando el Dream Team se le escurría por los pies pudo haber sido gloria bendita, aunque es sueño dominical. El holandés flaquito perpetraba una plantilla en la que suspiraba también por, entonces, prometedor Zinedine Zidane, y así muchos otros jugadores. Hasta que a dos jornadas del final de la temporada 1995-96, fue destituido por el entonces presidente Núñez y sus planes acabaron convirtiéndose en simples deseos.

“Luis Enrique ama este deporte”, afirma el hacedor del estilo azulgrana, quien no quiso aconsejar a su heredero en el banquillo al repetir su habitual “no estoy dentro”. Sin embargo, tira de cuentas para explicar el momento actual: “El Barça tuvo dos entrenadores en nueve años [Frank Rijkaard de 2003 a 2008 y Pep Guardiola de 2008 a 2012]. Ahora, lleva tres en tres temporadas [Tito Vilanova, Gerardo Martino y Luis Enrique]. Aunque sean pocos cambios, son muchos para el equipo”, señala. Al tiempo, piensa que Leo Messi “no juega solo, y los pequeños detalles son muy importante”. En ese sentido, no se atrevió a vaticinar cómo deben actuar él, Luis Suárez y Neymar. Prefiere que “el año que viene nos sentemos aquí a ver cómo ha ido”.

Sadismo animal en MasterChef Junior, o cómo traumar a un niño

31 diciembre 2013 – 20 MINUTOS

COCINEROSi lo que pretendían en MasterChef Junior era aumentar el número de veganos, me parece bien, si no, no se entiende lo de anoche.

Resulta que les llevan al plató, a niños de entre ocho y doce años, un ternerito precioso. Aparece con Eva González, que le da el biberón al animalito y les dice, para más inri, que se llama Benito. Ya sabéis, uno de esos animales que podrían protagonizar un anuncio de suavizante.

Los niños, claro, se vuelven locos y le acarician, juegan con él y le cogen más cariño que un banquero a un euro.

Y claro, les surgen las dudas, y dice uno acongojado: ¿Tenemos que matarlo?

Madre del amor hermoso. Por un momento pensé que le dirían que sí, que les iban a decir que fueran a las mesas a por los cuchillos y que adelante con la matanza, que fueran a por las venas.

Chillidos por doquier, sangre, los aspirantes en plan niños del maíz y los chefs del jurado carcajeándose mientras las llamas y el olor a azufre llenan el plató.

Pero no. No tuvieron que matar al bicho (ya lo haría alguien más tarde).

Otra pobre muchachina dijo “yo ahora no puedo cocinar eso“. Inocencia infantil.

Ante las dudas, Samantha Vallejo-Nájera explicó el porqué de la presencia del animalito: “Está aquí para que conozcáis el origen de la materia prima que vais a cocinar“, les dijo.

Sadismo. Ahí el sadismo ya chorreaba por el suelo del plató. Las de la limpieza estaban como locas con el mocho intentando recogerlo. ¿Eso MasterChef Junior o El Silencio de los Terneros?

Y por si fuera poco, después se llevaron al ternerito y a los niños, a los NIÑOS, les llevaron a ver a un carnicero.

El señor les fue explicando con todo detalle, y ante todo un despliegue de trozos de carne fresca, de dónde provenía cada corte, de forma que los niños pudieran imaginarse claramente las partes que le habían cercenado a Benito.

Me dio pena cuando vi al carnicero cortando al ternero…“, dijo una de las niñas.

Pero diréis: La cosa acabó ahí.

PUES NO.

La mente enferma que ideó esa prueba o como se llame pensó que su mente aún no estaba suficientemente alienada, que aún no habían destruido suficientemente sus lazos afectivos con los animales, que había que mancharles las manos de sangre para que nunca más pensaran en ello.

Así que después de presentarles un ternerito que mamaba de un biberón, enseñarles uno igual pero descuartizado y evocar su despiece, les hicieron cocinarlo.

Sí, les dieron unos lomos de ternera para que lo cocinaran.

Eso sí, ojo, luego se los llevaron a Eurodisney y les hicieron abrazar a una rata gigante con mucho cariño. Vivir para ver.

La pesadilla de Leo es el bíceps femoral

Messi está sufriendo lo indecible en la temporada 2013-14. Se ha roto tres veces: ante el Atlético en la Supercopa y ante Almería y Betis en Liga.

Gráfico: Elsa Martín 12/11/13 – EL MUNDO – MARCA
Lesión bíceps femoral MessiLesión bíceps femoral MessiLesión bíceps femoral Messi

Las mujeres ven más colores que los hombres, por eso el At.Madrid lleva camiseta de rayas

Es un hecho sabido que las mujeres son capaces de distinguir más colores que los hombres. Y esto físicamente es cierto.

Hay algunas teorías científicas que pueden explicarlo, pero que no me he tomado la molestia de comprobarlo, no sea que en el estado actual de la sanidad pregunte algo y el médico se ponga en plan abogado y me cobre por decirme algo que seguramente tenga que ir consultar a google.

En el ojo hay dos tipos de células, unas que son sensibles a los colores y otras que son sensibles a la intensidad de la luz. Y por lo visto pasa como en el frigorífico, que si tu mujer mete muchos tretrabricks de leche de soja, no te queda sitio para las latas de cerveza. Así pues, si tienes muchas cosas sensibles a los colores, las tienes que quitar de las de ser sensibles a la luz. Y es por eso porque los hombres ven menos colores, porque se ponen ciegos a cerveza…digo no, porque se supone que desde antes de la edad de piedra, los hombres tenían que salir a cazar osos, o leones o lo que hubiera por la noche (eso le decían a la mujer, y se iban a la RocaTaberna para ver ver piedrafutbol con los colegas). Y claro tenían que tener más células sensibles a la luz para ver en la oscuridad los controles alcoholemia de la Roca Civil. Y los colores no importaban mucho, bueno los colores y nada más, es lo que tiene tener una cachiporra grande, que le arreas una buen mandoble a lo que venga y te da igual que sea una fiera amarillo chillón, o azul rugido intenso, que lo crujes igual.

Por el contrario las mujeres por la noche no salían de caza, porque estaban agotadas por aguantar a los niños y a las otras mujeres y preferían aguzar el ojo para a la mañana siguiente escudriñar las pieles de su hombre y ver si había manchas de polen de flor de zorra, o polvo de cueva de becarias (que parecen iguales, pero creo que no lo son, es que soy hombre).

También por ese motivo las células que son sensibles al color se laman conos. Porque cuando tu mujer te pregunta de qué color es algo, tú te quedas callado, circunspecto y meditabundo, como intentando resolver una ecuación diferencial de quinto grado de memoria, pero farfullando gris..gris…gris; hasta que la susodicha dice: marengo. Y rematas diciendo “coño marengo, coño!!”….y como quedaba raro llamarle coño a las células por los malos entendidos, se quedó en cono.

Las células que distinguen la intensidad de la luz, se llaman bastones. Por eso cuando te quedas ciego no te queda más remedio que llevar uno.  Incluso si te pones ciego a cervezas.

Con lo de los conos y los bastones hay una paradoja. Cuantos más conos tienes, más colores distingues, pero claro también tienes menos bastones, con lo que ves menos luz…Pero claro si llenas el ojo de conos, eres capaz de distinguir más colores que los que salen en un iPhone, pero te quedas ciego…

Hay otra teoría que dice que las mujeres tienen mayor cantidad de células parvocelulares en el itsmo, que es una zona del cerebro que está situada, como todo el mundo sabe, entre el cuerpo calloso y el rodete…Efectivamente, que ven mejor porque les sale del coño y no hay quién les lleve la contraria. La verdad es que nunca le he visto el itsmo a ninguna mujer, tengo que preguntar la próxima vez que salga a cazar osos a la RocoTaberna…

Bueno, admitamos que las mujeres son capaces de distinguir muchos más colores, algo que es muy útil para combinar las cortinas del salón con no se qué de la puerta. Que esa es otra, si no se ven nunca juntos ¿Para qué hace falta que estén combinado?  Si es como el fin de mes y tu sueldo, sabes que están los dos en el banco, pero nunca se han visto juntos.

En serio, hacedme caso mujeres del mundo. Los hombres no usamos la excusa de que vemos pocos colores para no acompañaros de tiendas…no tenemos tanta inventiva. Simplemente es que es cierto que no distinguimos los colores. Y una prueba de ello es el fútbol ¿Por qué si no las camisetas de los equipos tienen rayas? Pues para poder distinguir el rojo del Atlético de Madrid, del rojo del Real Madrid.

Además hay que tener en cuenta que hay muy pocos colores para las camisetas: rojo, azul, verde, blanco y negro (no, negro no, que es color árbitrocabrón)…y bueno el amarillo, pero para eso tienes que ser brasileño, de lo contrario no te toman en serio. Así que hay tantos colores casi como neuronas en un cerebro de hombre.

Un hombre para no confundirse le hace rayas a las cosas, yo por ejemplo voy rayando coches por la calle para facilitar a los dueños a distinguir su coche del de los demás… y los otros hombres hacen lo mismo con el mío en agradecimiento. Lo malo es que si nos sorprendemos dos hombres haciendo los mismo, nos rayamos y acabamos interpretando el “We will rock you” de The Queen con la cabeza de nuestro nuevo amigo…salvo que haya fútbol, que nos vamos juntos al bar a pegarnos con otros que lleven las rayas de la camiseta puestas de otra forma.

Si el fútbol fuera un deporte de mujeres, usarían su habilidad para distinguir miles de tonalidades de color y lo conjuntarían todo. El césped seguiría siendo verde, seguro, pero las líneas del terreno de juego tendrían diferentes tonos de verde completamente indistinguibles a los ojos de un macho. Y las camisetas de los equipos no necesitarían tener rayas (de hecho Adidas sería prohibido por ley) y llevarían otras tonalidades de verde que las mujeres sí que podrían diferenciar. “está claro esos van de verde clorofila y esos de verde camaleón enamorado,” no te jode: verde). Eso sí, los jugadores sólo podrían saber si el de al lado es de su equipo o no, mirándole los tatuajes, o por el olfato. Y los espectadores masculinos no verían absolutamente nada. Sólo un terreno verde, sin rayas, sin jugadores, porque irían camuflados entre tanto verde. Eso sí, verían el balón blanco que se mueve sólo como por brujería. Y sólo porque sobre el color blanco del balón se podría poner publicidad de algún producto ecológico, verde por supuesto.

Está claro que los hombres vemos pocos colores. Yo funciono como el Spectrum, que sólo tenía 8 colores y si le añadías brillo se transformaban en 16. Venían los nombres puestos en las teclas, pero nunca conseguí memorizarlos, de modo que lo solucionaba de forma sencilla: rojo claro, rojo oscuro; verde claro, verde oscuro, azul oscuro, cyan (que es como el azul claro, pero en inglés); blanco claro, blanco oscuro; negro claro, negro oscuro… cada día tengo tengo más claro que lo llevo oscuro…y me funcionaba…así no tuve que aprender nunca qué número era el magneta. Es más nunca aprendí a escribirlo:-D

Pero las mujeres además de ver más colores, les dan más vueltas a las cosas y para terminar de volvernos locos usan los nombres de los colores como una sutil arma de destrucción viril. Les ponen nombres a los colores, para fastidiar. Se aprovechan de que nuestro cuerpo calloso está así de abusar de la cerveza y nos vacilan. No hay otra explicación a los nombres extraños que ponen a los colores.


Marrasquino.  No, rojo, no. Rojo es demasiado evidente. Por favor, no nos atormenten más. El marrasquino es un señor que ha llegado a España procedente de Masruecos y con un botella de licor en la mano que se usa para bañar unas guindas muy ricas.

Cayena. Yo directamente no sé ni que es una cayena. Ah, me soplan que es para el picante; bueno, no iba desencaminado, a mí se me estaba ocurriendo que sólo conocía a Cayetana de Alba y eso rayado en cualquier comida tiene que dar mucho picor…

Carmesí, esa es otra, ¿por qué os gusta utilizar nombres en los que hay que mover todos los músculos de la cara para pronunciarlos? Eso sí he comprobado que este color es útil para sacarse los “paluegos” de entre las muelas del fondo.

Ciruela, vale, bien, una ciruela es de color morado, pero qué tipo de ciruela exactamente, una amaarilla? ¿Una verde?

Berenjena. Las berenjenas son oscuras. No son moradas, son directamente color oscuro. Y si la berenjena está fresca son de color oscuro brillante. Que ganas de complicarlo todo. Y si las fríes y las pones un poco de miel de caña por encima son, bueno no sé, en ese momento ya sólo me fijo en si la cerveza está fría.

Uva, las uvas de color violeta, claro, ¿Cómo no? Las vi una vez, pero yo estaba muy pedo y ahora dudo de si eran violetas, verdes o si en realidad eran calabazas. Sólo sé que la chica me anotó su número en una tarjeta que ponía PlaiVoy…así que no me fío mucho…de su nivel de inglés. Definitivamente eran sandías…

Orquídea. El color orquídea es ese color morado que se pone de manifiesto sobre todo en las flores de color blanco. Menos mal que los hombres no entendemos mucho de flores y que a duras penas distinguimos un gladiolo de un helicóptero…de hecho para los hombres la flores se distinguen en tres grandes grupos: flores de para un difunto que nunca más follará, flores para intentar follar y capullos.

Lavanda. Jajajaja si son dos palabras. La-Banda. Y bueno eso no es un color, eso depende de lo que hayan estado al sol los bandoleros. Y según esto podrán ser de color sucio pálido, sucio moreno, sucio tostado, y “er agüelo” (que no se puede saber de qué color es porque tiene tantas arrugas que la luz queda atrapada como en un agujero negro, en realidad “er agüelo” es invisible, sólo se sabe que está ahí cuando aparece una dentadura postiza en un vaso de cerveza)

Color Vino, o color vino Burdeos. En fin, es un color que me tiene todo loco. El color vino. Si todo el mundo sabe por la canción que “El vino que vende Asunción, ni es blanco, ni es tinto, ni tiene color” Lo que pasa es que la Asun fue una de las pioneras en lo de poner nombres cachondos a los colores y vacilar a todos los hombres que iban a su bar…que además en cuanto llevaban cinco vinos la veían con 27 años menos.

Clavel, yo conocía claveles rojos, claveles blancos, claveles amarillos, Rouco Varela, digooo Paco Clavel (los confundo constantemente, sobre todo en adviento que visten igual)

El blanco roto. Es un color que no sale en el dibujo porque es complicado de explicar. A mi lo de blanco roto, sólo me hace pensar en el Doctor House cojeando en plena resaca cayendo por las escaleras del hospital, mientras consigue resolver el supuesto lupus del paciente, zumbarse a una pilingui doctora en física nuclear, humillando a sus ayudantes…y llegando al suelo, juntar los cachos de sus piernas, tomarse un frasco de vicodina y decir “Roto, el blanco del ojo lo tiene roto de ver Sálvame, no es lupus, todos mienten y no me extraña, inyectarle orujo por la oreja, mientras le retorcéis el huevo izquierdo, seguro que escupe el cacho de kebab que le oprimía la aorta. Que lo único que tiene el colega es tontería!!”

Hay colores que están puestos para fastidiar. En el dibujo se ve el color naranja. ¿Por qué las mujeres lo llaman mandarina? Si es más largo de pronunciar. Es naranja como el uniforme de un señor que no conocía de nada pero que me dio la propina hasta que hice la mili, como la mascota del mundial del 82 y como lo que se le echa al vodka para que sepa a algo: naranja. Las mandarinas son de color naranja, salvo las de oferta que son verdes por fuera y amarillas por dentro, como un guacamayo…como un albaricoque…no nunca me acuerdo…es eso que…un momento que tengo una regla mnemotécnica….”las notas de mi hermano”…mi hermano GuanCarlos siempre suspendía, vamos que era un cate tras otro…eso es GuanCarlosCate, AGuanCarlosCate…Aguacate!!! Eso es un aguacate!! que ya no me acuerdo de qué color es ni que tiene que ver con una mandarina….Ah sí que si lo comes con las manos pringadas de panchitos, son naranjas…menos mal que tengo buena memoria…

Miro la tabla de colores y no puede ser: hay una mancha enorme verde con tres nombres. Musgo, Helecho y  Trébol. Vale son cosas del campo, y la única distinción que hay entre unos y otros es cuándo los has usado para limpiarte las botas después de pisar una mierda de vaca verde. La mierda, la mierda es verde, la vaca, no. La vaca es de color marrón, como la mierda de caballo. Y el caballo es de color blanco (bueno sólo el de Santiago y el de inyectar), como la camiseta roja del real Madrid que es cara…digo blanca. Blanca y radiante va la novia, porque el novio está hasta las gónadas de que le digan que su chaqué es de color negro, como  un toro…que es el macho de la vaca…que, ¿por aquí ya hemos pasado, verdad?

Pero hay muchas más cosas que me descolocan además del olor de las nubes…que las nubes tienen olor…otra cosa es ver quién tiene webos a sacar la cabeza por la ventanilla del avión para esnifar una nube. Pero tienen olor. De hecho las nubes son vapor de agua, como el vapor de agua que hay en la cocina cuando se cuece algo en una perola. Y cuando esto sucede: huele. Huele a caldo gallego, huele a cerdo, huele a repollo que tira para atrás. En definitiva, las nubes huelen a lo que se haya cocido con ellas, así que como casi todo el vapor de las nubes viene de evaporarse agua del mar, tiene que oler a bronceador Delial número 15, que es lo que se untan las muchachas en la playa justo antes de meterse al agua y hacer que el aceite pase inmediatamente de su piel a disolverse en el mar, dejando una estela como la del Prestige cuando se hundía, pero sin Rajoy dando una rueda de prensa diciendo que eran hilillosh de plashtilina. Que yo ya empiezo a sospechar que lo han confundido y se creen que es un linimento para no ahogarse en el mar, en lugar de para proteger de los rayos del sol. Que como todo el mundo sabe el mejor protector solar que existe es la cerveza muy muy fría, tomada en un recinto de hostelería adaptado a las inclemencias estivales, también conocido, como Chiringuito Miguel.

Pues eso, lo que iba a decir sobre el mar, antes de que una nube me cegara mi pensamiento. Que la espuma de mar tiene color, según la tabla, verde. Y yo toda la vida la he visto blanca. Lo juro. Incluso en “La Sirenita” la bruja mala decía que las sirenas cuando entregan la cuchara se convierten en espuma, no en blandiblu. Que desde entonces siempre me tiro donde las olas rompen en espuma para bañarme con miles de sirenas macizas, aunque estén en modo cadáver (pero no importa he tenido novias más frías y que se movían menos). Y otra cosa Rocío de Mar…ni verde, ni azul. Rocío, la que está tumbada al lado del mar, es de color “tía buena”, que para eso se esfuerza durante todo el año en el gimnasio y en cuidarse la piel y operarse, para que cuando llegue el verano, poder tumbarse en pelotas, bronceada, en la playa; y recordarnos a todos los demás que no somos de la misma especie. Es lo que tiene el ponerse de color “tía buena”,  que te dice que “la miel es verde, naranja son los melones, que el mar está turquesa y el plátano es amarillo” y tu asientes embobado, pero en realidad has oído “Mi hermana  Tere,  te enseña los melones y si se te pone tiesa, te agita el pepino”

Pero no todo iba a ser malo con los colores. Las mujeres han tenido la deferencia de asociar el color azul a los hombres como una metáfora del cielo protector y de la dureza del mar. Quedándose para sus símbolos el color mangeta… magneta… el rosa como una dulcificación de la sangre que han dado para traernos a este mundo. Porque da igual de qué color sean las cosas lo único importante es que nos dejéis algo de sitio en el frigo para poder tener cerveza fesquita mientras vemos el fútbol.

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